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Tu hijo no necesita 10 explicaciones en medio de una pataleta

Hola, mamá 🤍


Quiero que pienses en una escena muy común:

Tu hijo quiere algo. Le dices que no. Empieza el llanto, el grito, la frustración, el cuerpo se vuelve más tenso, la paciencia comienza a bajar y aparece el “no puedo más”.

Y tú, con toda la intención de ayudar, empiezas a explicar:



“Pero ya te dije que no podemos…

  • “Entiende que…”

  • “Te estoy explicando…”

  • “¿Por qué no me escuchas?”


Y ocurre algo importante:


En ese momento, tu hijo no está en modo "entender lo que ocurre" . Está en modo alarma.

Cuando tu hijo se desborda emocionalmente, su sistema de alarma se activa. Una parte del cerebro llamada amígdala, relacionada con la detección de amenaza y las respuestas emocionales intensas, empieza a ser protagonismo.


Para ti como adulto puede parecer “solo quería una galleta” o “solo le dije que no”. Pero para el cerebro inmaduro de el, este no” puede sentirse como una frustración enorme.

Y cuando la emoción es muy intensa, la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro que ayuda a pensar, razonar, controlar impulsos, esperar, escuchar y tomar mejores decisiones, queda menos disponible.


En otras palabras, no quiere decir que tu hijo“no quiera escuchar”. Muchas veces significa que no puede procesar bien en ese momento (¿recuerdas lo que dije arriba de la corteza prefrontal?)


Por eso, en una pataleta, una explicación puede sentirse como ruido y no ayudarte a disminuir la conducta. Esto no es porque tus palabras no importen. Sino porque su cerebro necesita primero volver a la calma para poder recibir tus palabras.


Regla de oro:


Primero regulación, después explicación.


Regular no es consentir. Validar no es ceder. Acompañar no es permitirlo todo.

Regular significa ayudarle a su sistema nervioso a bajar la intensidad para estar dispuesto a escuchar.


Entonces, la próxima vez que te veas en una situación así, no vas a explicar 10 veces en medio del desborde, mejor intentaras:


  • Bajar la voz.

  • Acercarte sin invadir

  • Validar la emoción.

  • Sostener el límite.


Por ejemplo puedes decir:

“Sé que querías eso. Entiendo que estés bravo. Estoy aquí contigo. En este momento no puedo darte x"


Esa frase tiene tres mensajes muy importantes para el cerebro de tu hijo:


1. Te veo.Reconoces su emoción.

2. Estoy contigo.Le prestas calma y seguridad.

3. El límite sigue.No cedes por culpa, cansancio o miedo a la pataleta.


Y aquí está la clave:Tu hijo no aprende a regularse porque le gritas que se calme.Aprende a regularse porque primero lo ayudas a lograr su calma.

Con el tiempo, esa experiencia repetida se convierte en aprendizaje.


Y a claro no es fácil y no siempre lo vas a hacer lograr. Somos humanas. Nos cansamos. A veces también nos desbordamos.


Pero cada vez que eliges bajar la voz, sostener el límite y acompañar la emoción, estás enseñando:

  • “Puedes sentir mucho, pero no estás solo.”

  • “Tu emoción no me asusta.”

  • “Puedo acompañarte sin dejar de ser tu guía.”


Con cariño,

Adriana


 
 
 

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